miércoles , 21 de agosto, 2019

Nota editorial: La paja en el ojo ajeno

“¿Será nuestro karma los ganchos de la luz?”, se le escucha preguntarse -montado en cólera-a uno de los ministros más influyentes del gabinete provincial, en relación al escándalo que rodea al ministro de Agricultura, Néstor Scalerandi, por supuesto robo de energía eléctrica en una finca de Anisacate.

La referencia al karma tiene que ver con los escándalos que años atrás tuvieron el hoy delegado de la Región Centro, Herman Olivero, y el ex vocero delasotista Marcelo Falo, este último por un domicilio en el que él ya no vivía pero que el medidor estaba a su nombre.

En esta columna ya hemos citado alguna vez aquello de que “cuando alguien dice una mentira, comienza una tarea ciclópea, cual es la de decir una innumerable cantidad de mentiras posteriores para ocultar la mentira original”. La política y el periodismo político encontraron una manera más indulgente para referirse a la seguidillas de pequeñas mentiras y muchas veces se define como “contradicciones”, que son, parece, en las que incurrió el Ministro de Agricultura en un lapso de 24 horas, entre el jueves y viernes pasado. El jueves, el propio Scalerandi había reconocido que en su quinta de Anisacate en una ocasión se detectó una conexión irregular (de la que él no era responsable) que pagó una multa por ello y que había solicitado a la cooperativa un control sobre su consumo.

Luego de esas primeras declaraciones un periodista que ha desempeñado su labor en varios medios de Córdoba y que cultiva excelentes relaciones con el Gobierno provincial, se comunicó con el jefe de Gabinete de Ministros, Oscar González, para decirle que Sacalerandi debía repetir hasta el cansancio: “No estoy ni estuve enganchado”. Lo que el hasta ahora Ministro de Agricultura recibió de González no fue una sugerencia, fue una orden. El viernes Scalerandi repitió el libreto hasta el cansancio: “No estoy, ni estuve enganchado, esto es político”, para agregar con tono de misterio: “Estoy investigando”.

En realidad, Scalerandi no debía investigar nada, sólo decir la verdad de lo ocurrido y todo hubiese sido más fácil. A media mañana del mismo viernes, el fiscal de Alta Gracia, Emilio Drazile, hacia estallar una nueva esquirla de la “Scalerandi-bomba”: Comunicaba que el Ministro estaba imputado por defraudación calificada agravada. Operadores del Gobierno provincial hicieron conocer a los medios, que el fiscal se guardaría a silencio después de sus dichos radiales.

“La corrupción me da asco”, dijo hace unos meses el gobernador José Manuel de la Sota. Sin embargo, en Córdoba suceden cosas que lesionan la transparencia elemental con que debe manejarse el poder, más allá de lo que implica para la ciudadanía el no saber por qué hay un ministro imputado por robar energía eléctrica.

¿Cómo sabían los operadores del Gobierno que el Fiscal se llamaría a silencio? ¿Está bien que haya algunos periodistas con tal nivel de comunicación con el poder político? La lista podría continuar pero no son las únicas incógnitas en Córdoba, el crimen del empresario Marcelo Arias,que mereció gestiones de los tradicionales operadores de prensa del Gobierno provincial para que el trato del tema no se politice. ¿Puede no politizarse el crimen de un empresario vinculado a una firma que fue denunciada públicamente por legisladores de la oposición por negocios irregulares con el Estado y cuyo cadáver apareció sin que le hayan robado nada a metros de la sede del Gobierno provincial?

Pero no sería justo cargar todas las tintas contra la administración delasotista. En Córdoba hay muchos dirigentes políticos a los que les costaría explicar cómo sostienen su estándar de vida, viviendo sólo de sus ingresos públicos y sin otra actividad conocida.

Tomás Mendez, el conductor del programa televisivo ADN, ha llevado adelante muchas y valiosas investigaciones periodísticas, las cuales nunca han rozado a funcionarios relacionados con el Gobierno nacional. Por otro lado, deja cierto gusto a decepción que Jorge Lanata, el periodista que se ha animado como nadie a desnudar hechos de corrupción del Gobierno nacional, nunca haya encontrado en Córdoba algo de interés periodístico para él, ni siquiera lo elemental como que, por ejemplo, Electroingeniería -la empresa más mencionada en las licitaciones nacionales- comenzó en Córdoba con la construcción de escuelas provinciales en la primera administración delasotista, y que fueron hombres del gobernador los que llevaron a esa empresa hasta el despacho del ministro de Planificación, Julio De Vido.

Hace pocos días, un programa televisivo local dedicó buena parte de su mañana en relevar qué concejales de la Ciudad de Córdoba estaban o no en sus despachos. Es el mismo programa que ADN señala como beneficiario de una descomunal pauta publicitaria del Gobierno provincial, algo que nunca fue aclarado ni desmentido. Como se verá entonces, en una Provincia donde todos hacen cola para señalar los excesos de todo tipo del Gobierno nacional, no son pocos los que ven la paja en el ojo ajeno.

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