lunes , 17 de diciembre, 2018

Nota Editorial: La huida del sentido común

Han pasado siete días desde las elecciones presidenciales que sorprendieron a todos. Siete días deberían ser suficientes para acomodar el cuerpo por parte de quienes aspiran a gobernar un País y, si el resultado electoral no fue el esperado, al menos lo doméstico, ya debería estar acomodado.

No parece ser el caso del oficialismo, donde nadie puede afirmar a ciencia cierta cuánto hay de tensión entre la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y su candidato, Daniel Scioli, lo cual no es poco. No hace falta asistencia psicológica para tratar de entender porque los que habían ganado se comportaron como perdedores y quienes salieron segundos festejaron como un triunfo.

El kirchnerismo duro sabe que recoge adhesiones solo de una parte del electorado, el resto no es indiferente, directamente lo reprueba. El domingo 27 quedo crudamente demostrado que la “parte” que adhiere es menor a lo esperado y eso lo vivieron como una derrota.

Esa misma noche comenzaron las dificultades puertas adentro del Frente para la Victoria. Los asesores de Scioli, recomendaron “ser mas Scioli que nunca” manera elegante de decir hay que ser menos kirchneristas. Desde algún rincón de una mesa del kirchnerismo bonaerense surgió la propuesta de no presentarse al balotaje, según sus impulsores, repetir lo hecho por Carlos Menen. En el 2011, le permitiría a Cristina refugiarse como jefa de una oposición que representa más del 35% del electorado y una porción importante del Congreso de la Nación.

Cristina protagonizó un acto en casa de gobierno donde notificó a unos y otros. A Scioli le dejo en claro que ejercerá su jefatura hasta último momento, el no haberlo mencionado por su nombre fue todo un mensaje. A los suyos los notificó, públicamente que habría balotage, lo cual fue una verdadera confesión que al menos lo habían considerado.

Macri en tanto, se dio con que la figura estelar de su elección es quizás quien menos “Pro parece” la gobernadora electa de la Provincia de Buenos Aires, Maria Eugenia Vidal. Vidal despertó en el jefe del Pro sentimientos encontrados, fue tal el crecimiento de su figura, lo cual no es para menos, que en un par de tuits, recordó que él había pensado en ella para la principal provincia del País, luego en el programa televiso Los Leuco, se lo vio muy emocionado cuando Vidal se refirió a él. Sus prioridades ahora son demostrar que la coalición política que representa está en condiciones de gobernar, sus socios no lo son de manera circunstancial sino que comulgan con un programa de al menos 4 años.

Puertas afuera su principal objetivo es acordar con Sergio Massa el apoyo de esta para el 22 de noviembre. Macri no busca el apoyo matemático de los votos que cosechó Massa, quiere demostrar un grado más de diferenciación con el kirchnerismo. Mientras Cristina llama a resistir y a abroquelarse, él llama a consensuar puntos en común.La política de seguridad y la exterior serán los ejes en donde más se traduzcan las coincidencias entre Macri y Massa.

En el campamento de UNA el razonamiento fue pragmático, están convencidos que gana Macri, si hacen un acuerdo podrán cosechar algo de ese festejo y los dejara en inmejorables condiciones para disputar el liderazgo de un peronismo que se reagrupe post kirchnerismo. “Macri va a ganar con nosotros o sin nosotros, al menos con un acuerdo capitalizamos algo de eso”, fue el consejo de uno de los hombres más escuchados por Massa en estos últimos tiempos.

El resto de los candidatos, deberá seguir el camino de Nicolás Del Caño y comunicar como votarán el día de la segunda vuelta ya que, aunque un candidato haya quedado excluido de la contienda, el vínculo generado con su votante le exige que este sepa como votará.

El sentido común suele abandonar rápidamente a quienes pierden el poder abruptamente, será por eso que el kirchnerismo intenta captar votantes por el miedo que puede generar un Macri presidente, cuando en realidad todo indica que por ahora el miedo, al menos en una gran mayoría, lo provoca la posibilidad del la continuidad del kirchnerismo, que ahora vive la confrontación que ha sido la argamasa de su construcción política.

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