viernes , 18 de octubre, 2019

Nota editorial: Justicia maltratada

“Los jueces son más políticos que nosotros”, solía repetir siempre un dirigente político cordobés afecto a recordar las tertulias de pastas que compartían años atrás peronistas y radicales con magistrados del Poder Judicial provincial y federal.

Los tiempos han cambiado. Ahora se cuidan más las formas, ya no se vería juntos a dirigentes, funcionarios y jueces, pero los contactos y las comunicaciones son mucho más frecuentes.

La presunción de cierta “cercanía” del Poder Judicial y el poder político ha contribuido en gran medida al desprestigio de la Justicia pero no ha sido lo único. Todos han hecho su contribución, la lista no es corta:

El Gobierno nacional. Hechos graves como cuando el ex ministro de Economía del menenmismo Domingo Cavallo dijo que el ex ministro del Interior Carlos Corach le había escrito en una servilleta cuáles eran los jueces federales que le respondían, parece una anécdota comparado con lo sucedido en los últimos tiempos.

La presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner removió al ex Fiscal general de la Nación Esteban Riggi, por no controlar a los fiscales que investigaban al vicepresidente Amado Boudou. En el camino intentó nombrar en su lugar al abogado Daniel Resposo, quien como un niño resultó bochado en el Senado cuando se trataba su acuerdo. Finalmente, consiguió poner como jefa de los fiscales a Alejandra Gils Carbó, quien a poco de andar se mostró como una verdadera militante del kirchnerismo y ostenta al día de hoy un particular récord: es el primer Fiscal General desde el retorno de la democracia que resulta denunciado por fiscales que dependen funcionalmente de ella, por no observar las leyes vigentes para designar fiscales.

El intento de reforma judicial que pretendía atar la suerte de los jueces a los de los partidos políticos cerró un ciclo de acciones del kirchenrismo por entrometerse y condicionar a la Justicia. Luego del fallo de la Corte Suprema dictaminando la inconstitucionalidad de la mencionada reforma, el Poder Judicial se ha trasformado en el blanco preferido de la Presidenta, a extremos inimaginables.

Los Jueces. Muchos integrantes del propio Poder Judicial con sus actitudes han contribuido al desprestigio. La reticencia a pagar el Impuesto a las Ganancias como cualquier trabajador ayuda a quienes los han acusado de formar parte de un “círculo de privilegio”. Conductas como las de Norberto Oyarbide, un hombre que hace unos años atrás festejó su cumpleaños en un spa con una pileta llena de champang, que fue noticia por llevar en su dedo un anillo imposible de adquirir por el patrimonio declarado por él mismo o por los ingresos de su pareja, es el mismo juez que en menos de 30 días sobreseyó al ex presidente Néstor Kirchner por enriquecimiento ilícito. La cuantiosa fortuna del matrimonio de Néstor y Cristina sigue hasta hoy sin una explicación lógica.

Órdenes de allanamiento dictadas con una inexcusable demora como la que se dictó sobre las oficinas de la financiera conocida como “La Rosadita” epicentro del Lazarogate, como así también acusaciones cruzadas por operativos en la provincia de Buenos Aires también han hecho su aporte.

El Gobierno provincial. La administración de José Manuel de la Sota creó el Fuero Anticorrupción encabezado por el fiscal Hugo Amayusco, que tiene en sus espaldas el triste récord de no haber procesado a ninguno de los funcionarios que llegaron en carácter de denunciados a su despacho. El abogado Darío Vezzaro culminó su mandato como Fiscal General y De la Sota se tomó un tiempo inaceptable para nombrar su reemplazante, la razón: ninguno de los probables candidatos le resulta confiable, cuando en realidad el único requisito que debería valorarse es el de la idoneidad.

Los medios. Los procesos judiciales en muchos casos han pasado de ser una noticia relevante para ser motivo de comentario discusión en los medios. No hace falta remontarse mucho en el tiempo, en lo reciente , por ejemplo el llamado “Caso Ángeles” fue utilizado por medios nacionales con un desparpajo total. Supuestos especialistas en casos policiales, casi ninguno abogado, se anticipaban a los hechos haciendo interpretaciones de lo que debía ocurrir, como si fueran colaboradores del fiscal, cuando la investigación tomó un giro inesperado, las dudas de la gente sobre la eficacia de la Justicia era un hecho.

En Córdoba dos hechos muy recientes: el primero, el más grave, una enfermera detenida supuestamente por ser responsable de la muerte de un paciente generó un paro del sector de la Salud de Córdoba en solidaridad con la enfermera detenida. Varios medios trataron al tema como si fuera una cuestión política de una medida de fuerza, cuando en realidad, hay que decirlo con todas las letras se trata de una inaceptable presión a la Justicia, al margen de la culpabilidad o no de la enfermera, quien tiene todas las garantías para defenderse como un ciudadano común. El otro caso, involucró al ex campeón mundial de Boxeo Santos “Falucho” Laciar, quien fue detenido cuando intentó cobrar un cheque denunciado como robado. Laciar estuvo demorado 24 horas, como seguramente le ocurriría cualquiera que de buena fe resuelta estafado y concurre a cobrar 50 mil pesos en efectivo. ¿Cómo hace un fiscal para en un par de horas comprobar que efectivamente se está frente a una víctima de estafa? Esa respuesta la deben dar lo especialistas, es decir,  jueces, abogados, fiscales, pero algunos comunicadores sucumben en la tentación de decirle a sus oyentes que opinen. El hecho de que se trate de un ex campeón garantiza la participación. Cuando ocurren esas cosas es cuando mucha gente comienza a creer que cada resolución de la Justicia es opinable y que no tiene fundamento técnico.

¿Hoy puede imaginarse si se construyera un puente sobre la ciudad que se invitase a los oyentes o televidentes a opinar si está bien que tenga solamente cuatro columnas? O si le practicaran una operación a un funcionario importante, ¿Nos imaginamos a algún comunicador diciendo “se le han colocado solamente dos stend, llámenos y denos su opinión si cree que es suficiente”? Si estas cosas jamás se hacen ¿Por qué entonces a la Justicia sí la degradamos al convertirla en materia de opinión sin sustento técnico? Quizás porque la Justicia se la simboliza con forma de mujer y han aumentado tanto los delitos de violencia de género que nos pasa muchas veces inadvertido el maltrato a la que la sometemos entre todos.

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