jueves , 14 de noviembre, 2019

Nota editorial: Inmoralidad nacional y popular

El empresario se acomodó en su silla y dirigiéndose a sus colegas les dijo: “Recién escuché  en la radio a Nadín Argañaraz decir que el que blanquee dólares va a terminar teniendo una rentabilidad superior al 60 por ciento”.

El cálculo que narraba el exaltado hombre de negocios era el resultado de haber sumado lo que no se pagó en impuestos por no haber declarado los dólares guardados en circuitos informales, más la renta que garantizarían los nuevos bonos instrumentados por el Gobierno para el blanqueo de fondos no declarados.

La Argentina es muy propensa, y en los últimos años más aún, a rebautizar las cosas como si de esta manera se cambiara la esencia de las cosas.

Veamos ejemplos. Cuando algunos temerosos comunicadores dicen: “El empresario denunciado estaría vinculado al Gobierno”, en realidad debería decir  “empresario cómplice”.  Se suele escuchar que algún funcionario estaría en la mira por “improlijidades” en su gestión,  que no son otra cosa que burdos actos de corrupción.

El kirchnerismo, muy propenso a describir la realidad según su propio relato, ha llegado al sumun del rebautizado de las cosas denominando plan para “atraer inversiones” lo que en realidad es “lavado de dinero ilegal con respaldo legal”.

No importa el origen de los fondos (evasión impositiva, coimas o ventas de armas) todo podrá ingresar al circuito legal y, por supuesto, percibir una renta. No importa si está siendo investigado por operaciones de lavado de dinero, como el caso de Lázaro Baéz, los nuevos bonos podrán ser endosados con lo cual la fuente de trabajo de los testaferros está asegurada.

Vistas así las cosas, podría decirse que el Gobierno decidió más que premiar al incumplidor, castigar y hacer sentir que es un idiota todo aquel que cumple con las obligaciones fiscales.

Alguien alguna vez afirmó que cuando se dice una mentira, se comienza una tarea enorme porque hay que comenzar unos sinnúmeros de mentiras subsiguientes para ocultar la primera. Prueba de ello fue la exposición del viceministro de Economía, Axel Kicillof, en el Senado de la Nación junto al equipo económico para exponer sobre las “bondades” de la Ley de Blanqueo.

Para disimular la mentira original (que estamos muy bien), el niño mimado del equipo económico y los suyos comenzaron  con todo el andamiaje de faltas a la verdad: Guillermo Moreno con los índices del INDEC, Ricardo Echegaray con su afirmación que ni Báez ni Magnetto podrán acogerse a la nueva  ley (lo hizo sin reírse por lo que no se puede suponer que fue chiste), Marcó del Pont no diciendo lo que realmente es esto: un nuevo y gigantesco negocio para los bancos.

Finalmente, el propio Kiciloff coronó lo que en Derecho Penal es el criminis causa (cometer un delito para ocultar otro anterior) haciendo una descripción de lo mal que está el mundo. Claro que ninguno de los países que mencionó tiene cepo cambiario ni la inflación que tenemos aquí. Se olvidó también de mencionar que en el aumento de la recaudación está atada, nada menos que la enorme contribución que hace la propia YPF con los impuestos que paga, por lo que está lejos de ser la fotografía de una economía floreciente.

Muchos atropellos se han realizado a lo largo de la historia tratando de justificarlos con un objetivo mayor o superior. Por más que se rebauticen las palabras, las crisis seguirán siendo crisis, la corrupción seguirá siendo corrupción. Nada justifica la indisimulable intromisión a la Justicia, el claro intento de domesticarla y menos aún impulsar una ley de blanqueo de capitales en medio del escándalo más grande de lavado de dinero que haya tenido un gobierno democrático.

No haría caer a un gobierno reconocer dificultades o admitir que se toman medidas simplemente porque no hay opción. No sólo no lo haría caer, sino que la gente se sentiría más respetada, al menos con la verdad, ya que la mentira llevada a ese extremo es una inmoralidad y no existen las inmoralidades nacionales y populares, son inmoralidades.

 Silencios locales

En este escenario, los últimos domingos por la noche son dominados en forma casi excluyente por el periodista Jorge Lanata que ha revelado hechos que han generado revuelo e investigaciones periodísticas. La respuesta del Gobierno ha sido el silencio.

En Córdoba, el periodista Tomás Méndez conduce el ciclo ADN, este programa realizó importantes revelaciones sobre sospechosas contrataciones de aviones por parte del Gobierno de José Manuel de la Sota y este último domingo informó sobre hechos muy graves de corrupción en los que están involucrados encumbrados funcionarios  provinciales.

La administración delasotista, al igual que la administración de CFK, responden con silencio. Pero con un agravante, en Córdoba todavía ningún fiscal se hizo eco de esos informes.

El legislador Ricardo Fonseca denunció penalmente al Gobernador por la falta de rendición de cuentas del carnaval cuartetero, El viernes se conoció la renuncia de Ramón Sánchez titular de Caminos de las Sierras, captado por una cámara oculta al momento de recibir dinero de forma ilegal. Al momento de subir esta nota a la web nada se había dicho de Oscar Martín Aráoz, otro funcionario vinculado a la investigación periodística, ni del responsable de esa área de Gobierno el ministro de Transporte Dante Heredia. Hay todavía muchos silencios donde debería haber explicaciones.

Predicar con el ejemplo decían antes. El estar enfrentado con un gobierno que miente, no exime de rendir cuentas, al contrario, el brindar información, actuar con transparencia y ser cuidadoso de los dineros públicos debería ser lo que marca la diferencia. El gobernador De la Sota tendrá que hacer algo más que declarar “me da asco la corrupción” cuando las investigaciones periodísticas golpean las puertas de su gobierno.

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