domingo , 17 de noviembre, 2019

Nota editorial: Fantasmas que ahora llegan hasta su Señoría

Decir que los ánimos de la Argentina están crispados, a esta altura es una obviedad. Tratar de resumir las razones que toda la prensa independiente ha dicho y escrito a lo largo del año, es imposible.

Pero quizás, los temas que más irritan son el maltrato del poder y el ocultamiento por parte de ese poder de uno de los temas más temidos por los argentinos: la inflación.

A finales de la década del 60′ y comienzo de la del 70′, la tecnología bélica reinante en aquella época, hacía que la OTAN trasladara por vía terrestre misiles y otro tipo de armamento. Los diarios cada tanto daban la noticia que, a veces, en algunas ciudades sus habitantes bloqueaban espontáneamente los accesos terrestres para que no pudiera avanzar sobre su territorio cargamento bélico. No había ningún conflicto bélico de magnitud por aquel entonces, pero el fantasma de la guerra en la memoria de los mayores, producía esa reacciones.

En Argentina, durante el último tramo del gobierno de Raúl Alfonsín se desencadenó un proceso hiperinflacionario, que devoró sueldos, fuentes de trabajo y la gente salió a buscar comida. Después de eso el fantasma de la inflación se instaló en la memoria de los argentinos para siempre. La supuesta capacidad para poder controlar o no la inflación ha hecho ganar y perder elección desde aquel momento hasta hoy.

Hay momentos del año que son particularmente sensibles al poder adquisitivo de la gente. Uno es el mes de marzo donde los gastos del grupo familiar aumentan, producto de la actividad escolar, entre otras cosas. Es el momento donde se concretan o no relaciones laborales postergadas por el parate de las vacaciones, es un momento de sinceramiento de la economía medida en términos del impacto en los grupos familiares. El segundo momento es el mes de diciembre. El clima festivo hace que muchos tomen conciencia de las limitaciones económicas para festejar como lo desearían, hacer el regalo que les gustaría, planificar las vacaciones o simplemente poder comprar un pequeño juguete o un pan dulce.

El fin año puede ser sinónimo de paz o de crispaciones. La administración de Cristina Fernández de Kirchner hizo todos los méritos para que sea lo segundo.

Los índices inflacionarios asustan a la gente, el ocultamiento del alza de precios por parte de Guillermo Moreno irrita y mucho. Es verdad que hay síntomas que indican que hubo algo de “planificación” o “agitación” en los saqueos de la semana pasada, como es cierto también que si no existiese irritación o indignación en algunos casos, es imposible generarlos.

Córdoba

El gobernador José Manuel de la Sota disfruta del “efecto anestesia” que vive Córdoba. En rigor de verdad, la provincia está mucho mejor que otras partes de la geografía nacional. En comparación con el Gobierno Nacional la administración delasotista vive el verano de la aprobación de la población. Pero los cordobeses están acostumbrados a mayor calidad institucional, a mayor independencia de los tres poderes del Estado, a una Justicia independiente y a que haya más gestión que publicidad. Pero mientras sigan los desbarrancos del kirchnerismo, De la Sota seguirá tranquilo gobernando una provincia anestesiada, cuyos anestesistas no son sólo la realidad sino algunas ausencias que se notan y mucho.

La Justicia

En 2001, cotidianamente desde diputados nacionales hasta legisladores provinciales, gobernadores y concejales viven a diario escraches de todo tipo en la puerta de sus casas, con el ruido de tenedores y platos de restaurantes a los que concurrían, que los obligó cada vez más a recluirse. El origen del enojo social era la percepción que no habían estado a la altura de las circunstancias y que la política en general no daba las respuestas que se esperaba.

Daniel Reposo no pudo convertirse en jefe de los fiscales federales luego que se conoció públicamente su vergonzoso currículum. Capital Federal fue testigo de la furia de la gente luego de que la Cámara de la provincia de Tucumán absolviera a los imputados del caso Marita Verón, Norberto Oyarbide tuvo que abandonar el estadio donde se desarrollaba el partido de tenis entre Roger Federer y Martín Del Potro por los silbidos de la gente, el juez Alfonso es consciente que su cara será conocida en todo el país donde cada vez que lo reconozcan recibirá tantas felicitaciones como reproches.

La Justicia ha dejado de estar en el sacrosanto lugar en el que estaba, lejos de la opinión y el contacto con la gente. Ahora está en el lugar que le corresponde, es uno de los tres poderes del Estado, ni más ni menos que los otros dos, está al alcance de todos para apoyarla o cuestionarla. Seguramente más de un dirigente político cuando vio en televisión la imágenes de Oyarbide abandonando el estadio de Tigre habrá pensado: “Su turno, Señoría”.

 

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