miércoles , 17 de julio, 2019

Nota editorial: Es la gente, estúpido

“Si una imagen tengo después de dejar de ser árbitro es la de tipo honesto. Por eso, no me veía metiéndome en esa lista. Mauricio lo sabe bien”. La frase es de Héctor Baldassi, expresada el sábado a la mañana en un bar de Río Ceballos. Y Mauricio es Macri.

Baldassi tomaba café en rueda de amigos y explicaba por qué le cerró la puerta al gobernador José Manuel de la Sota, que quería sumar al ex árbitro de fútbol a la lista de Unión por Córdoba.

Lo de Baldassi había surgido por una necesidad impuesta por la realidad: la boleta del oficialismo cordobés no está ganando la elección de diputados nacionales.

Juan Schiaretti, hasta ahora el número uno de esa lista, necesita imperiosamente sumar entre siete y diez puntos porcentuales a su intención de votos, de lo contrario no sólo que no ganaría la elección, sino que estaría en una dura disputa por mantener el segundo lugar.

En pocos meses todo ha cambiado. De la Sota daba por hecho que con su antecesor ganaba cómodamente la elección. Ramón Mestre creía que podía imponer y hacer una buena elección con el presidente de su partido, Alberto Giménez, y de esta forma, poder prescindir de Oscar Aguad, al que visualiza como un obstáculo para sus aspiraciones de 2015. Luis Juez especulaba que no tendría inconvenientes en armar la lista del FAP con su lapicera.

Olga Riutort suponía que por necesidad el justicialismo le prepararía la alfombra roja para su regreso y sería anticipadamente ungida candidata a intendente. Los kirchneristas veían en Carolina Scotto la figura capaz de congregar los dispersos matices del kirchnerismo local.

Por distintas razones, ninguna de esas cosas ocurrió o está ocurriendo. Entonces, el tablero político cordobés se agita al igual que el nacional.                          

Mestre ha conseguido fondos frescos para iniciar un plan de obras al cual piensa abocarse de lleno, y así, tomar alguna distancia del proceso electoral. Gestionar y realizar obras en la ciudad es su contribución a la elección que afrontarán los radicales con Aguad a la cabeza, pero esa no es la lista que quería el joven intendente capitalino. Quizás por eso encumbrados dirigentes del delasotismo confían en que los ruidos de la interna radical les sume más que los méritos que pueda hacer en campaña el propio Schiaretti. El tema es saber si una vez conformada la lista, la complicación mayor puede provenir de la disputa intestina o de los devenires propios de la gestión.

Juez ha ungido a su incondicional Ernesto Martínez como cabeza de lista. Su objetivo está puesto en 2015, piensa que nuevamente podrá hacer campaña denunciando un “pacto” entre radicales y peronistas, algo que por ahora las “casualidades” se encargan de ponerlo en la categoría de probable.

Pero lo curioso de todo esto, es que quienes tienen algún grado de tranquilidad no están ganando la elección: el kirchnerismo está tranquilo si De la Sota pierde o al menos hace una ajustada elección, porque le quitaría volumen en el escenario nacional. Riutort está tranquila porque está midiendo muy bien en la Capital y un consultor que le arrimó su casi seguro compañero de fórmula Santiago Montoya le ha dicho que cada voto que sume por encima de su última elección, es un voto seguro en  2015, cuando busque su anhelado sueño de ser intendenta de Córdoba. En la lógica de sus asesores, lo de ella es comparable con la elección que realizó Mestre cuando casi le gana la senaduría a Juez en 2009. Aquello le significó que se lo visualizara como casi seguro intendente en 2011. Olga va por eso.

Si la lógica de los políticos en general suele ser difícil de comprender, la de los radicales lo es mucho más. Los hombres del partido fundado por Alem viven la interna con la misma dimensión que una elección general. Los radicales suelen criticar en público sus correligionarios con la misma fiereza que lo hacen con los hombres de otros partidos (a veces con estos últimos suelen ser un poco más indulgentes). Sin embargo, a pesar de ellos mismos, están en condiciones de ganar la elección, con lo cual resulta casi incomprensible que no manifiesten alegría por ello.

Macri se encontró con un Baldassi desconocido para él, un Baldassi que impone su criterio. Por ahorael jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no termina de comprender si esto es bueno o malo.

José Manuel de la Sota es quien tiene más para ganar y perder en esta elección. Un triunfo lo sienta en la cabecera de la mesa del peronismo no kirchnerista, a un paso de su candidatura presidencial. Una derrota, al igual que el juego de la oca, lo hace retroceder varios casilleros. Quizás por eso, hombres de su entorno piensan en una alternativa a Schiaretti mientras otros tan próximos como éstos, lo desmienten tajantemente.

La supuesta alternativa va desde la candidatura del propio De la Sota hasta mencionar nuevamente a un joven deportista cordobés, cuyo rostro alguna vez ilustró un corto institucional.

Los dirigentes y sus asesores tratan  de acomodar el cuerpo, mientras se preguntan una y otra vez qué cambió o qué hicieron o dejaron de hacer. Seguramente el famoso asesor de Bill Clinton les diría con crudeza: “Es la gente, estúpido”.