miércoles , 17 de julio, 2019

Nota editorial: Encadenados

Días atrás José Manuel De la Sota repasó por enésima vez las encuestas de opinión que periódicamente manda a hacer y volvió a confirmar que el ex gobernador Juan Schiaretti es su mejor carta para los comicios legislativos de este año. Sin embargo, al Gobernador le incomoda depender sólo de una persona. “No podemos depender todo de Juan, esta elección es crucial para nosotros”, dijo noches atrás en una cena, uno de los hombres más próximos a De la Sota.

Quizás por eso, el Gobernador hizo dos cosas: retomó la charla que alguna vez tuvo con un joven deportista cordobés – que se encuentra hoy en actividad- para tentarlo nuevamente a participar en política y por otro lado, mandó a incluir con nombre, apellido, e imágenes, a su jefe de Gabinete de ministros, Oscar González en la publicidad oficial.

Ramon Javier Mestre por su lado, también repasa los posibles nombres: Oscar Aguad, Alberto Giménez, Soledad Carrizo, Miguel Nicolás y su hermano Diego, forman parte de los distintos borradores que imagina el Intendente capitalino y que sólo comparte con poquísimos allegados. Así como De la Sota busca mostrar a su jefe de gabinete, Mestre busca mostrar a su viceintendente Marcelo Cossar.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) instruyó al secretario Legal y Técnico Carlos Zanini a buscar alternativas para encabezar la lista del oficialismo en la provincia de Buenos Aires y en la Capital Federal, tarea difícil en ambos casos.

Los tres, Cristina Fernández, De la Sota y Mestre, tiene algo en común, necesitan ganar la elección legislativa y dependen no sólo de su juego propio sino de terceros.

Veamos: CFK necesita ganar la provincia de Buenos Aires, para consolidar su mayoría legislativa y condicionar al gobernador Daniel Scioli, pero quienes mejor miden son el propio Scioli y el intendente de Tigre Sergio Massa. Ninguno de los dos pertenece al riñón kirchnerista, por eso la Presidenta en simultáneo les hace gestos, como también hace que los azoten públicamente.  En estos últimos días Scioli debió soportar críticas (la más dura provino del vicepresidente de la Nación). “En el caso de Boudou las críticas son elogios”, ironizó un asesor de Scioli de paso por Córdoba. También debe soportar la embestida del kirchnerismo de “blanquear” la ayuda directa del Gobierno Nacional a los intendentes.

Daniel Scioli necesita ganar las elecciones legislativas para posicionarse como una opción (voluntaria o no) a CFK, pero no puede ganar con el kirchnerismo en contra.

José Manuel de la Sota necesita ganar sí o sí los diputados nacionales para posicionarse en el escenario nacional y borrar de la memoria de los cordobeses que hace dos años le “ofrendó” la totalidad de los diputados nacionales al kirchnerimo, pero al igual que CFK, depende de terceros.

Juan Schiaretti, es su “socio político” de los últimos 10 años, pero no es un incondicional suyo, algunos schiaretistas repiten que su jefe sólo será candidato si está seguro de ganar, algo similar recuerdan a lo dicho por De la Sota antes de formalizar su última candidatura a gobernador ¿Devolución de gentilezas o estrategia? Sólo Schiaretti lo sabe.

De la Sota sabe, por otro lado, que gran parte de las posibilidades del triunfo depende de una oposición dividida, en donde ninguno “arrastre” los votos de otros, es decir, el radicalismo debe hacer una muy buena elección y el juecismo también. El problema es que en el caso de los primeros su mejor figura es Oscar Aguad, quien por estas horas tiene objeciones internas (que el propio Mestre deja florecer) y Luis Juez no termina de definir su candidatura. El escenario ideal del delasotismo es que las listas sean encabezadas por Schiaretti, Aguad y Juez respectivamente aunque piensan que en el caso de Aguad las dificultades internas lo alejan de un triunfo pero  que haría una buena elección. En el caso de Juez, algunas chicanas imaginadas por el oficialismo (como el destino de las vacaciones del senador nacional) más el propio desgaste de su figura, no le permitirían ganar, pero sí conservar su base electoral, algo imprescindible para que los radicales no le quiten votos.

Ramón Javier Mestre no quiere tener “ruidos” con De la Sota antes de tiempo, por lo tanto, no quiere hacer ninguna jugada que mal disponga al Gobernador, como sería poner en riesgo el triunfo que tanto necesita De la Sota. Pero por otro lado, Mestre necesita mostrar que el éxito de su gestión y el control partidario que tiene de manera casi excluyente se traduce en votos para su partido. Primero buscó alternativas para evitar que Aguad sea candidato nuevamente, ya que una buena elección lo dejaría nuevamente posicionado para el 2015, algo que Mestre no quiere, para ello apeló a figuras como la del presidente partidario Alberto Giménez o la de su propio hermano Diego, pero al resultado adverso que daban las encuestas, debió sumarle un mensaje del delasotismo: según sus sondeos el único radical que le garantiza una buena elección es Aguad. Con esto, Mestre queda en la misma situación que la Presidenta y el Gobernador: los tres dependen de quienes no quisieran.

La política es cambiante como lo es la realidad y el humor social. La economía en general, la inflación en particular y la seguridad, son los principales temas de una agenda social que hace variar las preferencias electorales de la noche a la mañana, es ese mismo humor social el que determinará hasta cuando los principales dirigentes siguen encadenados unos con otros en sus aspiraciones.

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