viernes , 23 de agosto, 2019

Nota editorial: Ella gobierna, ellos entre castings y ausencias

Nadie del universo de la oposición va a reconocerlo, pero la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sorprendió a todos en su discurso de apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Cuando todos esperaban el correlato a lo que había sido un discurso de comité de la jefa de los fiscales Alejandra Gil Carbó, la Presidenta dedicó los últimos párrafos de su extenso discurso a incomodar al Poder Judicial y a acorralar a la oposición.

En la Argentina, todavía la política debe compartir el poder con “dueños” de la economía. Quizás por eso un día antes del discurso de la Presidenta, un periodista de Informes y Noticias escuchó de boca de un operador del poder económico, en las oficinas que ocupa dos días en Córdoba en el corazón de Nueva Córdoba: “Cristina se lleva puesta a la Justicia, salvo que se disciplinen”. Lo extraño no era la aseveración sino que la misma no causase preocupación al menos en quien las pronunciaba.

Volviendo al discurso presidencial, la Procuradora General de la Nación había rubricado un documento, junto a más de 600 personas vinculadas a la administración del Poder Judicial, que por su tono parecía más un documento partidario que una reflexión sobre el funcionamiento de la Justicia.

Todos -menos “los informados de siempre”- esperaban un discurso de Cristina Fernández de barricada que materializara el “ir por todo”. Sin embargo, la Presidenta planteó algo tan simple como demoledor:

1) ¿Por qué los jueces y abogados se eligen entre ellos? Fue el argumento utilizado para proponer que los miembros del Concejo de la Magistratura (magistrados, abogados y académicos) fueran elegidos por el voto popular.

2) Ya existe un ordenamiento jurídico que establece que los jueces deben pagar ganancias, pero una acordada de la Corte que presidía Julio Nazareno estableció su inaplicabilidad, por lo tanto, depende de la propia Corte que los jueces paguen ganancias.

3) Mirando a los legisladores nacionales les dijo: “A ustedes siempre les sacan la cuenta de cuántas veces hablan o cuántas veces faltan o cuántos proyectos de Ley presentan, ¿Por qué no podemos entonces saber cuántas causas tiene cada juez y cuánto se demora en resolver?”

Si esas propuestas las hubiese hecho cualquier dirigente que no fuera la Presidenta, hubiese merecido el apoyo mayoritario sin dudarlo, simplemente porque son cosas que si se les quita cualquier connotación política o de presión, son sin dudas un adelanto.

Cristina acorraló a todos: Al presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, prácticamente lo ha invitado a que si quiere jugar en política comience por establecer el pago de ganancias a los jueces; a la oposición los desafió a que se opongan a elegir por voto a los integrantes del Concejo de la Magistratura, a que los jueces deban mostrar sus patrimonios y el estado de sus causas.

La Presidenta avanza y del otro lado la desorientación vuelve a ganar espacio. Mauricio Macri más que organizar un partido político realiza un casting a lo largo del País. Comenzó con el ex Midachi que hasta ahora no ha dicho nada que pueda ser una reflexión de alguien que tiene algo para aportar a la política. En Córdoba, lo presentó al ex arbitro Héctor Baldassi que dijo que después de haber dirigido 18 Boca-River se siente en condiciones de estar en política, un argumento casi patético de alguien que no viene de un mundo lleno de “prestigio” como son los árbitros de fútbol en la Argentina.

Daniel Scioli amenaza con largar su candidatura casi con la misma fuerza con que pide fondos. José Manuel de la Sota sobreactúa un personaje a punto tal que a veces no se sabe si es un humorista exagerando su bonhomía o el propio De la Sota que quiere hacer parecer al abuelo de Heidi como un belicoso a su lado.

El radicalismo, por su lado, se divide en partidos territoriales donde cada uno acomoda el cuerpo para zafar, no para ganar. Hasta la propia Presidenta se da el lujo de mencionar en su discurso al único radical que ha mostrado lucidez, Ernesto Sanz, que sufre los embates de sus propios correligionarios.

Nada se opone por estos días a los renovados planes del kirchnerismo, sólo la solitaria y robusta silueta de Jorge Lanata que sacó a la luz una parte desconocida de la operación Marcelo Tinelli-Cristóbal López, haciendo que por ahora deban postergar al menos por unos meses un nuevo avance del oficialismo sobre los medios.

Así las cosas, no parecería que este año vaya a haber elecciones, al menos nadie aparece aún poniendo en aprietos a un Gobierno que ha dado acabadas muestras de desinterés por la calidad institucional. Los partidos políticos a diferencia de los equipos de fútbol no pueden resolver su desorientación con un nuevo director técnico, los dirigentes son los que tienen que darse cuenta que aunque el calor continúe, las vacaciones han terminado.

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