martes , 17 de septiembre, 2019

Nota editorial: El tiempo no para

“Y tu cabeza está llena de ratas,
te compraste las acciones de esta farsa,
y el tiempo no para.
Yo veo el futuro repetir el pasado,
veo un museo de grandes novedades
y el tiempo no para, no para, no”. 
 

Escuchaba la canción de la banda de rock nacional, Bersuit Vergarabat, tras leer las últimas noticias de la semana que pasó y pensaba que el tiempo no para, para nadie, todos estamos bajo la tiranía del reloj que nos marca el pasar de los segundos, minutos y horas. Sin embargo, los tiempos en estas sociedades modernas son muy diferentes para unos a diferencia de otros.

Ya nos hemos cansado de escuchar “que los tiempos de la Justicia” responden a parámetros muy diferentes de los de otros organismos o procesos sociales.

Es sorprendente como en algunos casos el Poder Judicial es sumamente rápido, por ejemplo, con el juicio al fiscal José María Campagnoli. Según informó el Poder Judicial, el jury de enjuiciamiento tiene 180 días hábiles para realizar el proceso a partir de su apertura.

Pero también sorprende, aunque la palabra justa es indigna, que la Justicia haya tardado – por ejemplo, entre otros casos similares- casi 38 años para condenar a los autores mediatos del asesinato del ex obispo Enrique Angelelli, ocurrido en agosto de 1976, y de la tentativa de homicidio de quien lo acompañaba, su amigo Arturo Pinto.

Estos son apenas algunos ejemplos recientes de la diferencia sobre los “tiempos de la Justicia” en nuestro país.

Sin embargo, cuando reflexiono sobre el tiempo en la vida cotidiana de cada cordobés también encuentro que para algunos se encuentra cargado de responsabilidades y trabajo diario para subsistir mientras que otros no se sonrojan al cobrar religiosamente todos los meses abultados salarios a cambio de sólo algunas horas de trabajo al año.

El viernes pasado, Teleocho Noticias sacaba al aire una nota de un cordobés llamado Luis, un obrero angustiado porque delincuentes le habían robado de la obra donde trabajaba todas sus herramientas. “Me cortaron las piernas”, aseguraba y acudía a la ayuda de la sociedad para poder recuperar cuanto antes su trabajo para poder mantener a sus siete hijos y su nieta. El tiempo para Luis es una cuestión crucial, día no trabajado, día no cobrado.

El miércoles pasado la Legislatura informaba a la población que los legisladores comenzarían sus vacaciones de invierno.

“Conforme a lo acordado en la última reunión de Labor Parlamentaria, del 7 al 21 de julio no habrá actividad legislativa (comisiones permanentes y sesiones ordinarias). En tal sentido, el próximo pleno parlamentario se realizará el día 23 de julio”, informa el sitio web oficial de la Unicameral.

Que privilegio es poder decidir uno mismo sobre las fechas de descanso y cobrar todos los meses un salario de más de 20 mil pesos en una provincia donde todos los días se conocen nuevos despidos en fábricas y empresas y donde el salario promedio de los trabajadores formales es de cinco mil pesos. No obstante, los representantes del pueblo no se sonrojan al establecer tres semanas de vacaciones cuando, por ejemplo, los colegios públicos retomarán las clases el 18 de julio.

Pero vuelvo a reflexionar que el tiempo y las urgencias son diferentes para cada actor social. Mientras a unos los angustia no trabajar durante días, otros no tienen ningún tipo de urgencia en retomar su puesto en una provincia y un país en plena recesión económica.

El tiempo no para y veo al futuro repetir el pasado, vuelvo a escuchar promesas y vuelvo a ver a dirigentes políticos, representantes del pueblo y funcionarios de la Justicia alejados del pueblo, de las necesidades y urgencias de la ciudadanía, de los trabajadores.

Y vuelvo a pensar que las agujas del reloj no pasan para todos por igual.

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