lunes , 10 de diciembre, 2018

Nota editorial: El reaseguro de Cristina

“Extraña la manera en que los candidatos argentinos elijen sus vices”, la frase le pertenece a un consultor norteamericano que visitaba la Argentina hace unos años en ocasión de un encuentro de especialistas en campañas electorales. Al consultor le resultaba extraño que muchas veces el compañero de fórmula era el resultado de una alianza electoral, o en el mejor de los casos, el vice responde a una línea interna opositora al candidato. La explicación que recibió por parte de un conocido analista argentino fue que muchas veces los vices “complementan” el perfil de un candidato, que a veces una debilidad de uno puede ser compensada por la fortaleza del otro.

La respuesta del visitante extranjero fue tan contundente como pragmática: “Pero ustedes como nosotros tienen un sistema presidencialista, no es un gobierno bicéfalo entre el presidente y el vice, el vice reemplaza al presidente cuando este no está”. Para concluir afirmando: “El electorado debería tener la certeza de que si por algún motivo está ausente el presidente que eligió, el poder quedaría en manos de alguien lo más parecido posible al ausente”.

Está claro que el especialista del país del norte no podría asesorar a los partidos mayoritarios de estas latitudes, los cuales parecen que padecieran tener que elegir los compañero de fórmula, la historia política argentina habla de fórmulas que competían, que ganaban o perdían, la historia más reciente habla de “candidatos” o presidentes (no de fórmulas).

Víctor Martínez, el vicepresidente de Raúl Alfonsín, quizás sea el único vice que concluyó su mandato sin estar alejado o enfrentado con su presidente. El resto de los vicepresidente del 83′ a esta parte o no terminaron sus mandatos o terminaron enfrentados y recluidos a una figuración formal, como el caso del mendocino Julio Cobos.

A esta altura de nuestra democracia deberíamos reprocharles severamente a los dirigentes políticos el manejo irresponsable que han hecho de las fórmulas presidenciales, en verdad muchas provincias han sufrido el mismo fenómeno.

La lógica que utilizan los candidatos es simple: nadie deja de votar a un presidente por el compañero de fórmula que lleve, está asumido casi como una decisión personal del presidente, en eso Hugo Chávez fue más sincero, la elección personal del vicepresidente tiene rango constitucional.

Cristina Fernández de Kirchner podría decirse que superó olgadamente a sus antecesores a la hora de sorprender con sus dos vices. Para su primer mandato propuso al radical Julio Cobos, emblema de la tristemente célebre “concertación” nombre con el que el difunto Néstor Kirchner bautizó un importante proceso de captación de dirigentes, tanto del radicalismo como del propio justicialismo, haciéndolo con las segundas líneas de dirigentes que no se reportaban a él.

Cobos y el resto no se sumaron a una construcción política que alumbró un nuevo partido o al menos un nuevo espacio político, se sumaron a la versión peronista de kirchnerismo. El kirchnerismo siempre fue conducido verticalmente, primero por Néstor y luego por Cristina, no hay allí margen para el debate de nuevos “espacios”.

Para su segundo mandato sorprendió aún más a propios y extraños. Amado Boudou fue elegido en una decisión personalísima de Cristina, cuya motivación al no tener un origen ideológico o de suma electoral, aún da que hablar y quedará seguramente como un capricho o un gusto que se quiso dar la Presidenta.

Luego todo vino de mal en peor, la relación entre ambos sufrió tropiezos en los primeros días de gestión, Máximo Kirchner nunca estuvo de acuerdo con esa nominación. La complicación judicial de Boudou terminó de colocarlo detrás de las cortinas institucionales del País.

Beatriz Rokiej de Alperovich fue hasta hace unos días la Presidenta Provisoria del Senado. Su designación reunió todas las lógicas: una mujer dedicada a la política (la Presidenta hace un culto a la defensa del género femenino en política y busca promocionarlas), representaba el poder territorial de su marido el gobernador tucumano Jorge Alperovich y tenía una buena relación con lo caciques justicialistas del Senado.

Ahora la polvareda que levantó la Presidenta tiene su origen en la imposición de Gerardo Zamora como presidente Provisorio del Senado, quizás la designación más racional que haya tomado Cristina.

El Justicialismo tiene una gran capacidad de reinventarse, es el único partido capaz de presentar una oferta electoral desconociendo a sus propios de ayer ¿Quien recuerda que Sergio Massa fue jefe de Gabinete de Cristina? En el peor momento del enfrentamiento de Nestor Kirchner con Eduardo Duhalde, ¿Quién recordó que fue éste último el que apadrinó la candidatura del patagónico? El justicialismo es así y todos lo tiene asumido.

Los problemas de salud que debió afrontar, el alto perfil de Jorge Capitanich, la inflación y la devaluación fueron detonantes para una usina de rumores que hablaban de la “ausencia” de la Presidenta llevó al menos dos de las primeras espadas del kirchnerismo a afirmar la presidenta cumplirá su mandato. Nada incomoda a un justicialista cuando está en el poder, salvo el propio justicialismo si decide abandonarlo.

A la Presidenta no le gustaron los contactos entre Daniel Scioli y Sergio Massa. Tampoco una serie de reuniones de caciques del conourbano bonaerense, como tampoco los contactos reservados entre Antonio Caló y Hugo Moyano. El vicepresidente Bouduu tiene un futuro judicial tan incierto sólo comparable con su soledad política. El presidente Provisorio del Senado será el segundo en la sucesión presidencial.

Nadie puede garantizarle a la Presidenta que si la cuestión social se complicara, desde el Senado se garantizará la continuidad institucional en manos de un justicialista, no importa quien. Pero si tiene una certeza más importante: nunca el Justicialismo haría nada para catapultar al poder a alguien foráneo de sus filas. Mientras Gerardo Zamora sea el Presidente provisorio de Senado, Cristina tendrá su reaseguro personal, que no surgirán “ideas” dentro del Justicialismo.

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