lunes , 19 de agosto, 2019

Nota editorial: El karma del 20

Una vez más el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, se anticipa a sus opositores. En ocasión de abrir el período ordinario de sesiones en la Unicameral cordobesa, De la Sota no dijo nada de la fecha de las elecciones provinciales, lo que generó que los dirigentes opositores reclamaran algo, en este caso la fecha de comicios, bastante alejado de las prioridades de los cordobeses. Es lógico, conocer la fecha es algo que necesitan los estrategas electorales, no la gente.

De la Sota luego dijo que podían ser en agosto, algo alejado del junio-julio que todos imaginaban. “El efecto Nisman hace que todo se patee hacia adelante”, dijo un operador delasotista, días atrás.

Sin embargo, algunas voces justicialistas afirman por lo bajo que no serían cuestiones de naturaleza política las que llevaron a De la Sota a postergar cualquier definición, sobre todo aquellas que involucran a Juan Schiaretti.

En los campamentos opositores todo es complicado y enredado.

En el radicalismo dos dirigentes amagan con la candidatura a gobernador: Oscar Aguad y Ramón Javier Mestre. Ambos miden más o menos lo mismo en las distintas encuestas, pero ambos tienen dificultades a la hora de pensar en disputar con posibilidades el gobierno provincial.

El primero no contaría con el acompañamiento de varios intendentes radicales cuyas administraciones dependen demasiado de la asistencia financiera de la Provincia. El segundo no logra sacarle el compromiso al macrismo para ser ungido como candidato de un frente provincial.

Operadores del intendente capiatalino aseguran que en la última reunión que habrían mantenido Mestre y el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, acordaron esperar el resultado de una encuesta que estará concluida en los próximos días.

Luis Juez, por su lado, no las tiene todas consigo. Su disputa personal con Mestre le complica un armado con el radicalismo, más allá de su buena sintonía con dirigentes como Aguad, Mario Negri y Miguel Nicolás.

Por estos días, Juez apura a Macri para lograr dar un paso más en su acuerdo y lograr una foto de alcance provincial similar a la que se tomaron Macri y Elisa Carrió. Pero el problema es Macri, o mejor dicho la estrategia de Macri.

El líder del PRO razona por estas horas con la misma lógica que los dirigentes políticos de larga experiencia. Si las elecciones provinciales son, como todo indica antes de las PASO, Macri solo le levantará la mano a un candidato que no sea del PRO solo si tiene la certeza que este va a ganar, algo que por ahora ni Mestre, ni Aguad, ni Juez pueden garantizarle.

De lo contrario, prefiere ir tal como lo hizo en la elección que consagró a Héctor Baldassi diputado nacional, solo sin ninguna alianza, con lo que disputaría el segundo o tercer lugar generando de esta manera una gran expectativa para el PRO en la elección de Presidente.

En la ciudad capital de Córdoba, De la Sota también mueve sus fichas. A la candidatura de Esteban Dómina, quien de a poco comienza a crecer en las encuestas, se le sumará la de Gabriel Bermudez, el secretario de Transporte de la provincia, el hombre que le acercó al gobernador la propuesta del boleto obrero. Con esas candidaturas, De la Sota neutraliza la única ficha díscola de su tablero: Olga Riutort.

Si Mestre no es candidato a la reelección, el radicalismo tendrá una interna muy dura en donde ninguno de sus protagonistas pasa los 9 puntos de intención de voto. Esta realidad alcanza a los mestristas Javier Bee Seellares y Diego Mestre y a los dirigentes Miguel Nicolás y Rodrigo De Loredo, todos ellos con intenciones de suceder a Mestre.

En el juecismo, Liliana Montero y Juan Pablo Quinteros anuncian sus intenciones de llegar al Palacio 6 de Julio, pero los números están muy lejos para ambos.

Felipe Lábaque, el hombre que buscó Macri para ser su imagen en la capital cordobesa, recorre incansablemente la ciudad. “Lo único que me pide la gente es que no me baje”, repite el médico que se hizo conocido por estar durante años al frente del club Atlético Atenas.

El analista cordobés Guillermo Lyall explicó a un grupo de periodistas que, según sus mediciones, luego de la trágica muerte del fiscal Alberto Nisman, la gente experimenta sentimientos de angustia y temor, “bajando los niveles de reproche hacia las administraciones municipales y provinciales”. Esto, en principio, debería ser un respiro para De la Sota y Mestre, pero no se traduce de manera lineal.

El poder raramente se gana, normalmente se pierde. Si esto es así, el delasotismo no está haciendo nada para perderlo y la oposición no logra vertebrar un discurso atrás de lo que quizás sea la única debilidad del justicialismo provincial: si los cordobeses votan nuevamente a un candidato de extracción peronista, Córdoba por primera vez en su historia será gobernada durante 20 años consecutivos por el mismo signo político.

El número 20 es casi un karma para De la Sota, sin embargo, su capacidad para alinear a su tropa y enredar a opositores hace que por ahora siga siendo el gran DT de Córdoba, un DT que no solo opina en su propio equipo.

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