jueves , 22 de agosto, 2019

Nota editorial: El ejemplo mundial que incomoda a muchos

Hace ocho años, Joseph Ratzinger era ungido papa. Como todas las votaciones en el Vaticano, en realidad como todas las grandes decisiones de la Iglesia, se mantuvo en secreto cómo fue esa elección.

Pero eso no implica que haya especulaciones al respecto. Algunos sostienen que el cardenal Jorge Bergoglio tenía los votos suficientes pero cuando llegó una de las vueltas decisivas, hizo un gesto para que sus electores hicieran pontífice al alemán.

A esta altura, queda claro que el ahora papa Francisco, en sólo tres días, ha enviado más mensajes que su antecesor en casi siete  años. Por ello, suena más razonable pensar que un papado de Bergoglio no era viable si estaba condicionado. El actual Papa nunca aceptó en su actuación como cura condicionamientos, por lo que tal vez no los acepte como cabeza de la Iglesia. Quizás Ratzinger tenía los votos para ser papa, pero no fue el papa que se esperaba. Ahora, todo ha cambiado.

El papa Francisco está sacudiendo al mundo aún antes de comenzar su papado. Lo que no debería sorprender, al menos a quienes han conocido su actuación al frente de la diócesis más importante de la Argentina. ¿Por qué actuaría Bergoglio diferente a lo que siempre lo ha hecho? Su estilo recoleto y la sinceridad de su mensaje siempre incomodaron al poder político y económico de Argentina. No hay dudas que su papado incomodará a muchos, pero no sólo en Argentina sino en el mundo.

Nadie puede pensar que los cardenales llegan a la instancia de elegir la cabeza de la Iglesia sin saber lo que cada uno representa y cómo piensa. El “estilo Bergoglio” recién ahora es conocido por muchos argentinos, pero los cardenales que lo eligieron ya lo conocían.

La broma del Papa desde el balcón señalando que se habían ido a buscar un papa al “fin del mundo” encierra un elemento gravitante para la Iglesia. Latinoamérica es la región del mundo más poblada por católicos, pero es también donde la Iglesia ha perdido más seguidores que se han convertido a otras religiones emergentes en la región. Es también Latinoamérica un lugar donde los gobernantes invocan mucho a Dios, pero con su particular interpretación.

Con la unción de Francisco no se podrá decir que nadie es profeta en su tierra, en todo caso este papa no es profeta de los gobernantes de su tierra.

Nadie hubiese pensado que Francisco fue elegido para molestar al kirchnerismo o para derrotarlo. Derrotar o no al kirchnerismo es cuestión de los partidos políticos no de los papas. Sin embargo, los sectores afines al Gobierno enfurecieron y desataron una serie de críticas tan absurdas como descalificadoras. La peor bofetada que recibieron los kirchneristas fue que la defensa del Papa no surgió de la Iglesia, sino de personalidades que no se caracterizan por su catolicismo, precisamente.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, junto a su difunto marido, entendía que la forma de neutralizar las críticas del entonces arzobispo de Buenos Aires era pasar la celebración de las fechas patrias a unos cuantos kilómetros de Buenos Aires. Ahora deberá hacer más de 70.000 kilómetros para ver cómo formaliza su nueva condición, que lo convertirá en uno de los hombres más influyentes del mundo.

Fernández de Kirchner en las primeras horas  no supo cómo manejar la situación. Al finalizar su discurso en un acto oficial hizo referencia al tema, pero muy lejos de lo que se esperaba de la Jefade Estado del país de origen del Papa. Luego, trató de acomodarse a la situación. Antes de que la Presidentapartiese a Roma, el propagandístico Fútbol para Todos difundía el saludo editado de la Mandatariaa Francisco. La Presidenta será recibida hoy por el Papa. Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires, le pidió decenas de audiencias, que ella no respondió.

En Córdoba no fue distinto, los que no sabían de la fría relación del arzobispo de Córdoba Carlos Ñañez, con Bergoglio, ahora se enteraron. El prelado cordobés no realizó ninguna manifestación acorde a la alegría de la gente.

Si uno ve la puesta en escena del San Lorenzo, manejado por Marcelo Tinelli, con su papa hincha, es difícil entender cómo no ha habido casi acciones para recibir al Papa argentino en esta Córdoba con su historia signada por los jesuitas.

El gobernador José Manuel de la Sota, a través de Twitter, quiso manifestar su alegría y en las últimas horas realizó todo tipo de gestión para poder ser parte de los argentinos que estarán en Roma mañana. Pero De la Sota es el gobernador que cuando ganó la gobernación por primera vez en 1998, mandó a confeccionar una banda y un bastón, similares a los atributos presidenciales, algo que hasta su llegada al poder a ningún gobernador se le había ocurrido hacer. No puede entonces, sentirse cómodo con un Papa que reniega de todos los atributos papales y reclama austeridad.

El intendente Ramón Mestre (que mandó a instalar pantallas para que la gente pueda seguir la ceremonia) y el senador Luis Juez (que viajará  a Roma “representando a Córdoba” según sus palabras), fueron los únicos dirigentes cordobeses que han demostrado no sentirse incómodos con el nuevo Papa.

Mientras algunos piensan que el Papa va a incomodar a Cristina Fernández de Kirchner o a algunos gobiernos latinoamericanos, el Papa en pocas horas ha  hecho mucho más que eso. Algunos habrán pensado que fue a pagar personalmente la cuenta del modesto hotel donde se alojaba para contrastar con la opulencia de los viajes presidenciales de Cristina. Pero esa lectura es tan absurda como obtusa, Francisco está incomodando a todos los que se han comportado así dentro y fuera de la Iglesia.

El papa Francisco no ha señalado con el dedo a nadie, pero en Argentina, la propia incomodidad sufrida por los que no piensan como él, los ha dejado al descubierto.

Mientras algunos desde afuera de la fe católica pretenden analizar lo que debió o no debió haber hecho  la Iglesia, Francisco ha iniciado un camino: las desigualdades sociales y la pobreza son prioridad de su agenda. La proximidad de su persona con la gente será una constante, el desprecio por lo superfluo un rasgo permanente y la austeridad su forma de ejercer el poder.

Para realizar cambios profundos en una sociedad se necesita líderes que sepan adónde quieren llegar, pero es imprescindible que la gente los entienda y les crea. Francisco es un papa al cual la gente le cree y su historia personal, ahora conocida en todo el mundo, gusta, sorprende y despierta admiración.

No va a pasar mucho tiempo para que la gente comience a pedirle a los gobernantes que tomen el ejemplo de austeridad y humildad de uno de los hombres más poderosos del mundo, que para incomodidad de algunos en nuestro País- es argentino.

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