sábado , 20 de julio, 2019

Nota editorial: Descontrolados

Jueves 6 de diciembre. Bar de un hotel céntrico de Córdoba. El titular de una reconocida agencia de publicidad y un empresario local comparten un café. El diálogo es interrumpido por una llamada telefónica que recibe el publicista. Del otro lado, un importante directivo de un canal de cable de la Capital Federal. La charla telefónica dura unos minutos y se cierra con el interlocutor cordobés preguntando: “¿Cómo está la cosa para mañana?” Corta. Cuando el empresario preguntó ansioso qué le había dicho que pasaría el viernes. El publicista responde desorientado: “Dice que no va a pasar nada”.

Miércoles 5 de diciembre. Esquina de Ituzaingó y Duarte Quirós, primeras horas de la mañana. El conductor del auto que estaba primero sobre Duarte Quirós se demora unos instantes en advertir que el semáforo había cambiado a luz verde por ver quien llamaba a su celular. El conductor del auto que estaba atrás suyo se “prende” a la bocina y con la ventanilla baja le dirige unos cuantos insultos. Dos mujeres que aguardaban para cruzar caminando son protagonistas de la escena, una de ellas atina a decir: “¡Qué descontrolado!”

El 7D pasó y nada sucedió. Ese día, ni la gente salió a la calle a defender derechos que se caerían o serían vulnerados, como el de la libertad de prensa, tampoco se movilizó la Gendarmería Nacional ocupando instalaciones de un multimedio, tampoco salió La Cámpora a la calle, ni el Poder Judicial hizo historia, nada de eso ocurrió. Solamente, una Cámara Civil y Comercial de Buenos Aires prorrogó la medida cautelar interpuesta por el grupo Clarín hasta que se resuelva la cuestión de fondo.

Si se repasa lo dicho, publicado y difundido por los protagonistas sobre el 7D en los últimos meses, se podría haber esperado que pasasen muchas cosas ese día, sea cual fuere el resultado de la decisión judicial. Pero a medida que se acercaban los días la tensión aumentó y los dichos de los que defienden la constitucionalidad de la Ley de Medios y los que la consideran inconstitucional (al menos en dos de sus artículos) redoblaron su apuesta, en los dichos y en la publicidad.

Hay que ser justos y decir que los dichos y excesos que pasaron y pasan en lo últimos tiempos no tienen que ver solamente con el 7D. Son el resultado de la frustración de los dirigentes de todos los colores políticos, que no logran entusiasmar a los futuros votantes con ideas o propuestas, por lo que apelan a llamar la atención con lo que en la jerga de los asesores comunicacionales llaman “cosas fuertes, no importa si se cree realmente en lo que se ha dicho, lo importante es que la gente registre el nombre del que lo dice”.

Veamos algunos pocos ejemplos: la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una de sus tantas cadenas nacionales, comparó a los jubilados que le hacen juicio al Anses (porque no les paga lo que corresponde) con los llamados fondos buitres que tiene embargada a la Fragata Libertad en el puerto de Ghana, olvidándose que su propia madre le había iniciado juicio al Anses hace unos años. El periodista Orlando Barone, el mismo que había utilizado el bochornoso ejemplo de una periodista desaparecida para referirse a los excesos de la prensa, difundió un poema que despertó las más variadas interpretaciones porque en un párrafo habló de “limpiar” periodistas, palabra que en otras épocas tenía una connotación terrible.

Martín Sabbatella dijo que el Gobierno actuaría más allá de lo que resolviese la Justicia, el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota comparó algunas actitudes del Gobierno nacional con el nazismo, luego quiso aclararlo y fue peor. Cuando le consultaron sobre aquello de que en la administración kirchnerista había algunos que tomaron las armas en la década del 70′, según sus dichos, se excusó diciendo que “todos nos equivocamos cuando somos jóvenes”, dejando la grave acusación que había hecho horas antes, en el grado de error juvenil. El ministro de Justicia Julio Alak acusó a jueces de haber viajado al exterior invitados por Clarín.

Cuando se conoció la resolución judicial, que prorrogaba la cautelar del grupo empresario que encabeza Héctor Magneto, los excesos siguieron: hubo quienes hablaron de un Poder Judicial destituyente, otros que la paz había llegado a la Argentina, pero hubo dos protagonistas que continuaron con sus excesos. Sabbattella dijo que esperaba “que la Justicia estuviera a la altura de los sueños de Néstor Kirchner”, es decir no pidió que estuviera a la altura de la formación de juristas que hicieron historia en el derecho argentino sino de los sueños del desaparecido Néstor. De la Sota tuiteó: “Hoy la Corte sembró esperanza. Puso límite. Hay tres poderes. Hay +democracia. Y habrá + libertad”. La primera pregunta que surge es si la Cámara hubiese resuelto diferente, ¿Hoy no tendríamos esperanzas? ¿No habría división de poderes y menos democracia?

Parece ser que el karma de los argentinos son los excesos, los extremos, como dijo alguien: “En Argentina hoy sos ingeniero y mañana sos Blumberg”.

Muchos pensamos que hay dos artículos de la Ley de Medios que son inconstitucionales, pero debe ser la Justicia la que lo diga. De paso, nadie dice nada de un juez que no termina de resolver la inconstitucionalidad de dos artículos, ¿No es demasiado tiempo el transcurrido? Pero no nos equivoquemos, todos los que vivieron el fallo como un campeonato del mundo, en particular dirigentes con responsabilidades institucionales, deben saber que este fallo no ha hecho que finalmente el Anses le pague a los jubilados lo que la propia Corte ordenó, tampoco termina con las mentiras del Indec, no detiene la inflación, ni le devuelve a los jubilados cordobeses el 82 por ciento móvil que les quitó la administración delasotista una noche con una ley exprés, ni obliga a la Presidenta que aclare el origen de su fortuna personal.

Cuentas pendientes que los dirigentes no van a solucionar con sus excesos descontrolados, el descontrol que le señaló la señora al automovilista ofuscada sólo afecta las buenas costumbres, el descontrol de los dirigentes afecta a la ya tan vapuleada calidad institucional. Hay una diferencia y no es menor.

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