sábado , 21 de septiembre, 2019

Nota Editorial: De las promesas al discurso cool

Un humorista solía contar un viejo chiste ambientado en un pequeño pueblo durante una campaña electoral, en la que un candidato prometía “caminos y puentes”, mientras un colaborador le decía al oído: “jefe aquí no hay ríos”, ante lo cual el candidato remataba: “también vamos a construir ríos”.

La humorada representa una época de la política argentina donde los candidatos realizaban promesas a destajo, muchas veces de difícil cumplimiento. Pero lo importante era la capacidad de prometer que tenían. Ese tiempo era el remanente de otro, caracterizado por la manipulación electoral y el voto cautivo de punteros. Todo eso ha quedado atrás.

En las últimas campañas, particularmente por la influencia de asesores extranjeros (todos de origen latinoamericano), del discurso y la propuesta electoral se ha pasado a las emociones, a mostrar más actitudes que contenidos. Años atrás, con la irrupción de Duda Mendoça y su seguidor Joao Santana, dijeron presente las campañas negativas, receta ideal para quien no está en el gobierno, ya que basa el fuerte de su estrategia en señalar los errores o déficit del otro, más que en virtudes propias.

En los más recientes años Mauricio Macri, ha hecho famoso a Jaime Durán Barba, un ecuatoriano que lo asesora  desde que conquistó por primera vez la Jefatura de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Durán Barba cultiva desde siempre aquello de “hacer política sin política”, ha logrado que Macri no tenga en cuenta lo de ganar con equipo y gobernar con otro. Durán Barba tiene la misma influencia en decisiones de campaña que en decisiones de gobierno.

Más allá que nadie quiera reconocerlo, la escuela de Durán Barba ha ido muy lejos fronteras afuera del PRO. Tanto Daniel Scioli como Sergio Massa hacen un culto al discurso de cero racionalidad y mucha emoción y actitud. Solo el kirchnerismo duro, entre fuerzas mayoritarias, se esfuerza por mantener un discurso con contenidos, llegando al extremo de tratar de ideologizarlo.

Construir sin importar lo que piense el otro, algo que se lee en la lógica K, parece tener su correlato en construir solamente tratando de parecer distinto al otro.

Mirando otras democracias, no es necesario viajar a otro continente, uno advierte que casos como Chile, donde se ha dado alternancia entre izquierda derecha, y viceversa o Brasil con las turbulencias que han caracterizado la continuidad del PT, las propuestas de gobierno no han estado ausentes en ninguna campaña electoral, todo lo contrario.

Felipe González, Tony Blair, Bill Clinton o Lula dieron giros importantes a las políticas de Estado, en muchos casos atravesando las fronteras de sus partidos, pero lo hicieron a partir de comunicar hacia dónde querían ir. Fue una tarea de construcción de consensos de líderes con talla de estadista, no fue cosa de publicistas.

Las decepciones que en algunos casos han marcado a fuego a los argentinos tienen que ver con gobernantes de un gran crédito social, que terminan decepcionado por apartarse del camino esperado o por haber emprendido un camino que nadie pidió. Quizás una forma de prevenir futuras decepciones sea exigir a candidatos y comunicadores que digan qué piensa hacer aunque resulte un tanto aburrido o el rating pida candidatos con discurso cool.

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