sábado , 17 de agosto, 2019

Nota editorial: Córdoba tan lejos

La semana transcurrió y el tema del narcotráfico siguió ocupando el lugar preponderante de la agenda solo compartido por las especulaciones alrededor del regreso de la Presidenta a sus funciones oficiales, luego de su reposo.

Volviendo al tema del narcotráfico, todo transcurrió entre acusaciones cruzadas, negación de la realidad e impotencia por parte de funcionarios y dirigentes. El abordaje serio del tema sigue siendo una asignatura pendiente en un país que no termina de comprender lo que son las políticas de Estado. Desde la comunicación ficticia de la vida de los narcotraficantes, casi cinematográfica emparentada con mitos como el de Pablo Escobar Gabiría hasta gobernantes que piensan que la droga no es algo serio en su territorio, termina por dibujar un paisaje desolador al no verse políticas claras destinadas a combatir el narcotráfico. Por lo pronto, sería un buen comienzo que se comprendiera que no son razones climáticas o geográficas las que han disparado la masificación de la droga en la Argentina, es algo mucho más palpable y ciento de veces negado: la pobreza y la marginación.

Mientras la política, nunca tan maltratada por los propios políticos, sigue sus días al ritmo del post elecciones y el prepara vía del 2015. En ese escenario de reacomodamientos, expectativas y pronósticos los cordobeses tenemos poco que ver u opinar.

Muy lejos ha quedado la imagen de una Córdoba incidiendo en el escenario nacional, nada es como era antes. Veamos: en 1983, cuando la figura del radical Raúl Alfonsín asomaba como la gran esperanza de la política renovada, no por una cuestión de edad (tenía 56 años) sino por una cuestión de ideas, buscó en Córdoba su compañero de fórmula. Alfonsín llegó a Córdoba no con un nombre en particular sino con la decisión que un cordobés debía estar en la fórmula presidencial.

El peronismo a fines de la década del 80′ buscaba su reinvención para enfrentar al alfonsinismo. Surgió, entonces, la llamada “renovación peronista” que curiosamente debió acudir a un veterano para que encabece la fórmula presidencial que enfrentaría al peronismo histórico en la lección interna: Antonio Cafiero. En ese entonces, Cafiero buscó a un dirigente peronista de Córdoba para que lo acompañe en su fórmula: José Manuel de la Sota.

El radicalismo cuando culminaba el mandato de Raúl Alfonsín acosado por la inflación, encontró en Eduardo Angeloz, la figura de un gobernador de una provincia fuerte como para encabezar la fórmula que finalmente perdería las elecciones generales frente a Carlos Menen.

El radical Ramón Bautista Mestre fue el último dirigente cordobés que tuvo marcada influencia en su partido a nivel nacional. Luego ningún dirigente cordobés de ningún signo político ha logrado una proyección nacional importante.

Han surgido dirigentes y liderazgos del justicialismo en provincias kirchneristas como también dirigentes disidentes como Sergio Massa, Córdoba no ha estado presente. Por el lado del radicalismo ha sido igual, Mario Negri recientemente designado Presidente del bloque de Diputados Nacionales de la UCR, llega a ese sitial más que por reconocimiento a Córdoba, como conclusión de una enmarañada jugada interna impulsada, entre otros, por el jujeño Gerardo Morales.

El gobernador De la Sota participó desde China en el debate del narcotráfico, siguiendo el estilo que cultiva, al igual que el Jefe de Gobierno de Buenos Aires Mauricio Macri, de pretender despolitizar la política. De la Sota una vez más hizo de cuenta que en Córdoba nada ocurría, es más, se permitió ensayar una serie de recomendaciones al Gobierno nacional, como si Córdoba fuese una Provincia que no padece el narcotráfico o que lo ha derrotado.

Claro que hay situaciones que ayudan a que De la Sota pueda olvidarse de lo que ocurre en Córdoba. En una entrevista radial con Jorge Lanata, curiosamente, el incisivo periodista porteño nada le preguntó acerca de los ya nueve policías detenidos pertenecientes a división drogas peligrosas de la Policía de Córdoba ni de la dos muertes al menos dudosas de policías.

“No politicemos este tema”, repite una y otra vez el Gobernador cordobés, cuando en realidad lo que falta es una verdadera política de Estado en el tema. El discurso del gobernador santafesino, el socialista Mario Bonfatti, corre por otro andarivel. Bonfatti pide articular políticas con la administración central, le exige a la Nación mayor compromiso pero en su provincia ha generado un fuerte debate alrededor de la necesidad de combatir el narcotráfico. De la Sota, en cambio, ni siquiera permitió que su ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva concurra a la Unicameral, sólo se limitó a acceder una entrevista a La Voz del Interior hace una semana pero la polémica de sus dichos aún continúa.

Mario Negri en tanto, el otro cordobés mencionado en los medios nacionales esta semana, no significará para la UCR de Córdoba un nuevo posicionamiento, todo lo contrario. Julio Cobos es archiconocido en toda la geografía radical, más aún es uno de los presidenciales no sólo del radicalismo sino de la oposición en general. Negri, ahora es el rostro de lo que parece la enfermedad incurable de su partido: conspirar en forma permanente contra su propio éxito. En el justicialismo todos, incluido el kirchnerista Martín Insaurralde están pendientes y le envían gestos a su estrella surgente Sergio Massal. Los radicales, en cambio, acaban de pegarle el primer “codazo” a su mejor figura Julio Cobos, de la mano de un cordobés.

Mientras los dirigentes cordobeses no logren instalarse en la agenda de la gente con un mensaje sólido y creíble, seguirán arrastrando a Córdoba en su involución política y poder ser tenida en cuenta como provincia en el escenario de las decisiones será una cuestión del recuerdo.

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