domingo , 17 de noviembre, 2019

Nota editorial: ¿Censura de los dos lados del mostrador?

Desde el comienzo de la discusión de la Ley de Medios pasando por su sanción en 2009 en el Senado hasta nuestros días, políticos, funcionarios y la ciudadanía no dejan de hablar de la “libertad de expresión”, como un bien imprescindible para una sociedad democrática. Kirchneristas y opositores se tiran continuos dardos acusándose mutuamente de apoyar o subvencionar al “periodismo adicto al poder”, de la existencia de “periodistas militantes” o de ser parte de la “prensa golpista”.

Este fin de año estuvo signado por un expectante plazo de vencimiento de una medida cautelar (el famoso 7D donde el grupo Clarín debía presentar su plan de desinversión, tal lo establece la nueva ley de medios) o del famoso per saltum (un mecanismo que permite elevar determinadas causas directamente a la Corte Suprema para su resolución), primero aprobado en el Congreso con el apoyo del oficialismo y luego rechazado por la Corte Suprema.

Todos estos conceptos, que llegaron para quedarse en nuestro vocabulario, llenaron páginas de periódicos y horas de intensos debates en programas televisivos y radiales. Sin embargo, lo que no fue nunca tapa de ningún diario es lo que ya está ocurriendo en diferentes medios de comunicación argentinos e incluso aquí mismo, en la provincia de Córdoba. Programas con notable trayectoria que no les renuevan el contrato en los medios de comunicación donde trabajan, periodistas que corren la misma suerte y que deberán resolver dónde y de qué manera continuarán su labor el próximo año.

En todos los casos sólo se habla de “finalización de contrato” y pocos son los valientes que se animan a decir con todas las letras que se debe a una explícita censura por parte de medios kirchneristas por ser críticos al poder central o en medios opositores al kirchnerismo por no ser demasiados críticos y no querer tergiversar los hechos que cronican para amoldarlo con la línea editorial del medio.

Uno de estos casos corresponde al programa “Perro que ladra” que se emitía por radio Mitre Córdoba desde 2008. Conducido por Ricardo Césari y el equipo de producción conformado por Evelin Liendo (locutora), Mariano Nievas (columnista), Georgina Rubiolo (productora) y Luciano Alegre (operador). El viernes pasado fue su último programa, desde la radio del grupo Clarín aducen que sólo es el final de un ciclo. Sin embargo, muchos periodistas sostienen que este programa es una víctima más de la pauta oficial que determina qué decir y opinar, en Córdoba comandada por los fondos del Gobierno provincial y la millonaria campaña del gobernador José Manuel De la Sota camino a la Casa Rosada.

Sin embargo, un medio de ese mismo grupo, La Voz del Interior titulaba y se horrorizaba a principio de mes con la noticia de que en Radio Nacional levantarían programación local de las sedes del interior del País para transmitir el programa porteño “Mañana Más” conducido por el conductor de 678 Luciano Galende. Esta medida, efectivamente atenta contra el principio de la nueva ley de medios de garantizar las voces locales, la diversidad y la federalización de las producciones.

Sin embargo, esto no es todo, en los últimos días también fue noticia el despido de la periodista porteña Cristina Pérez (conductora del noticiero de Telefé) de Radio del Plata (dirigida por Claudio Villarroel) por no acatar el relato K y de Marcelo Longobardi por la misma causa de Radio 10 y C5N (comandado por Cristóbal López). En ambos casos, la decisión habría salido desde la Casa Rosada, según afirman varios medios.

Otro caso mucho menos sutil-fiel a su estilo- es el de los medios pertenecientes al menemista (¿y actual kirchnerista?) Daniel Vila. Los trabajadores de prensa del Grupo Uno en Mendoza (diario Uno, radio Nihuil, Canal 7) se reunieron en asamblea quejándose por las “tergiversaciones” a las que son sometidos sus materiales y elevaron su reclamo en una carta. El empresario se reunió con los trabajadores y en tono amenazante dijo: “Las presiones no sólo seguirán sino que serán aún mayores. Al que no le gusta puede pasar a buscar el cheque”.

Está claro que la censura atiende en los dos lados del mostrador, no es exclusivo de los medios del Gobierno nacional ni tampoco de los medios opositores. Quienes siguen en la línea de fuego son aquellos trabajadores de la prensa que sólo quieren cumplir con su labor siendo fiel a sí mismos y a lo que nos enseñaron como ética profesional del periodista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *