sábado , 19 de octubre, 2019

Recetas prácticas: Cazuela de cordero por José de la Olla

Me encontré ayer en la cola del supermercado con la esposa de un querido ayudante de cocina que supe tener en un restaurante en la avenida 24 de septiembre. Abrigada y quejándose de que le habían cortado la luz en el barrio, me contó que su marido estaba en Brasil.

Me dijo que tiene unos amigos que lo contratan siempre en la temporada para trabajar en un restó-bar en Copacabana y que lo había llamado medio de urgencia ante el aluvión de gente que llegó a Río para ver el Papa.

Me dijo que había hablado con él hacía un rato y que por primera vez no lo cargan por ser argentino, que la gente le preguntaba cosas de Bergoglio y que él me citaba a cada rato, recordando cuando yo le supe cocinar para el padre Jorge cuando estuvo unos años en Córdoba, en aquella fonda de la calle Caseros.

La mujer me contó que después de tanta protesta todo era muy religioso en Río de Janeiro y yo me quedé pensando en alguna comida con reminiscencia religiosa. Me inspiré en aquel “cordero de Dios” y me salió una cazuelita de cordero para hacerle frente al frío.

Le pedimos al carnicero que nos corte el cordero en trozos, como lo están trozando al jefe del Ejército Milani.

Pasamos cada parte por harina y lo ponemos a dorar en aceite bien caliente. Bastante más caliente que esta fría campaña para legisladores.

Le agregamos unos trozos de panceta y le echamos un chorro de vino tinto para que levante el fondo de cocción. Como buscan levantar algunos candidatos al lado de sus padrinos en los avisos de televisión y los afiches.

Le agregamos unos tomates, sal, pimienta, algún condimento oriental como curry o masala y dejamos cocinar a fuego lento una media hora. O sea, lo que dura cada tanda televisiva en épocas electorales.

Le agregamos unas zanahorias en rodajas, papas en cubo y cebolla cortada en láminas. Dejamos cocinar hasta que la verdura esté a punto. Ese punto que pueden llegar a necesitar Baldassi, Scotto o Riutort para entrar al Congreso.

Le echamos menta fresca picada encima y servimos como mejor elección. Porque después que se vaya el Papa, hay que votar.

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