domingo , 22 de septiembre, 2019

Racing tuvo su desahogo sobre el final ante San Martín (SJ)

En el Cilindro, se impuso por 1-0 con un gol de Pablo Caballero a siete del cierre. Zubeldía logró su primer triunfo en el Clausura y La Academia cortó una racha de cuatro sin victorias. El Santo hace 8 que no gana y está en descenso directo.
Racing estaba desangelado. Sin la pinta de otros tiempos y con el alma un poco golpeada. Entonces, cuando la facha no aporta y la confianza no brinda garantías, la cuestión es apelar a la insistencia. El equipo de Zubeldía ganó por tozudo. No brillo, es cierto, pero después de una primera parte floja, revivió y chamuyó largo y tendido para llevarse los tres puntos. Para San Martín de San Juan fue otro peldaño abajo en su lucha por permanecer.
Si cabe la comparación entre los equipos de Alfio Basile y Luis Zubeldía habrá que decir que los nuevos vientos del ex entrenador de Lanús trajeron un parado táctico diferente. La distribución de los jugadores se modificó de modo de dejar de lado el 4-3-1-2 preferido del Coco. La novedad fue la defensa de tres, algo que en tiempos del hombre de voz profunda era impensado. Cáceres, Aveldaño y Cahais intentaron darle algo de seguridad al ovacionado Saja. Adelante, Gio Moreno había dejado el comando del equipo para oficiar de segunda punta. Lucas Castro era la manija, tanto por el medio como por los costados.
Por su parte, San Martín de San Juan presentó un libreto conservador. Daniel Garnero decidió encadenar a los laterales y apostar a alguna contra fortuita.
Racing, mientras tanto, entregó una primera etapa que fue un cúmulo de inseguridades. Apurado, a veces mal pisado y en otras falto de calma. Nervioso, al cabo.
El estallido de la gente llegó cuando el local volvió al campo de juego luego del entretiempo. La canción, insultante, apuntó hacia el plantel y hacia la falta de fútbol. El clima nublado continuó durante el primer cuarto de hora del complemento.
“Movete Racing, Movete”, pidieron. Y Racing se movió. Entonó su empuje de la tribuna y hacia abajo. Y arrinconó a un San Martín que, timorato, se conformaba con el empate. A los 17 minutos, La Academia brindó su primera señal de vida. El cabezazo de Cahais impactó en el palo y ahogó el grito de la gente. Era el primer paso.
Y en eso, Racing llegó a darse cuenta de que, sin nada en los bolsillos, lo único que resta es caminar hacia adelante. Desde el fondo, impulsarse para salir a flote. Por eso fue. Una y otra vez. Un poco por inercia y otro tanto por obligación.
Con el impulso, llegó lo mejor de los de Zubeldía. Gio creció y Santander obligó siempre. Sobre el final, el técnico metió mano y apostó por los grandotes. Le sumó a Pablo Caballero al combo y puso su última ficha en un faro alto de color celeste y blanco.
Y el destino se convenció. Entendió que era la hora de dejarle una buena a Racing. Le puso el triunfo en los pies al pibe Caballero que, como invitado de lujo, tocó su primera pelota al gol.
Al cierre, San Martín quedó sin oxígeno para respirar. Y Garnero quedó en el camino. Vivió Racing. Lo hizo más por empuje que por convicción. Y es que a veces la historia tiene que ver con eso. Agachar la cabeza y trabajar. Para salir de una vez.

 

 

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